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Elementos aire

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Elementos aire

Agua

El elemento aire se expresa a través de los pensamientos, las corrientes y el sistema nervioso. Se asocia con las sinapsis que se disparan en el cerebro y el oxígeno que fluye hacia los pulmones y el torrente sanguíneo. Este elemento tiene que ver con la respiración y la búsqueda de inspiración, palabra que significa «respirar». Su territorio de origen es el vasto campo mental, donde «los pensamientos son cosas» que crean el esquema tangible de nuestras vidas.
El aire es uno de los cuatro elementos -los otros son el fuego, el agua y la tierra- y cada uno de ellos es importante para tu sensación de bienestar. Es estimulante romper con las viejas formas de pensar porque eso pone en marcha un verdadero cambio externo. El aire aporta desapego emocional, y eso te ayuda a tomar buenas decisiones. Cuando el aire está en movimiento, favorece una sociabilidad animada, y te mantiene curioso y siempre aprendiendo.
Es difícil sentirse con los pies en la tierra y en el cuerpo. Puedes estar perdido con la cabeza en las nubes. Te resulta difícil vincular tus ideas que flotan libremente con un esfuerzo tangible y cotidiano. Tu mente ocupada te mantiene despierto con insomnio. Eres muy nervioso y tienes una respiración errática (posiblemente seas fumador). Disipas tu energía hablando, enviando mensajes de texto, correos electrónicos, etc. Sientes que no puedes organizar tus pensamientos. Hay demasiada estática y no hay suficiente espacio para respirar.

Oxígeno

El aire fue uno de los muchos archai propuestos por los presocráticos, la mayoría de los cuales intentaron reducir todas las cosas a una única sustancia. Sin embargo, Empédocles de Acragas (c. 495-c. 435 a.C.) seleccionó cuatro archai para sus cuatro raíces: Aire, fuego, agua y tierra. Las opiniones antiguas y modernas difieren en cuanto a si identificó el aire con el nombre divino de Hera, Aidoneus o incluso Zeus. Las raíces de Empédocles se convirtieron en los cuatro elementos clásicos de la filosofía griega[5]. Platón (427-347 a.C.) retomó los cuatro elementos de Empédocles. En el Timeo, su principal diálogo cosmológico, el sólido platónico asociado al aire es el octaedro, formado por ocho triángulos equiláteros. Esto sitúa al aire entre el fuego y el agua, lo que Platón consideraba apropiado porque es intermedio en su movilidad, agudeza y capacidad de penetración. También dijo del aire que sus minúsculos componentes son tan suaves que apenas se pueden sentir[6].
El alumno de Platón, Aristóteles (384-322 a.C.), desarrolló una explicación diferente de los elementos basada en pares de cualidades. Los cuatro elementos estaban dispuestos concéntricamente alrededor del centro del universo para formar la esfera sublunar. Según Aristóteles, el aire es a la vez caliente y húmedo y ocupa un lugar entre el fuego y el agua entre las esferas elementales. Aristóteles separó definitivamente el aire del éter. Para él, el éter era una sustancia inmutable, casi divina, que sólo se encontraba en los cielos, donde formaba las esferas celestes[7].

Elementos de aire del zodiaco

Estas diferentes culturas e incluso filósofos individuales tenían explicaciones muy variadas sobre sus atributos y cómo se relacionaban con los fenómenos observables, así como con la cosmología. A veces estas teorías se solapaban con la mitología y se personificaban en deidades. Algunas de estas interpretaciones incluían el atomismo (la idea de porciones de materia muy pequeñas e indivisibles), pero otras interpretaciones consideraban que los elementos eran divisibles en trozos infinitamente pequeños sin cambiar su naturaleza.
Mientras que la clasificación del mundo material en la antigua India, el Egipto helenístico y la antigua Grecia en Aire, Tierra, Fuego y Agua era más filosófica, durante el Siglo de Oro islámico los científicos medievales de Oriente Medio utilizaron la observación práctica y experimental para clasificar los materiales[3] En Europa, el concepto de la antigua Grecia, ideado por Empédocles, evolucionó hacia el sistema de Aristóteles, que evolucionó ligeramente hacia el sistema medieval, que por primera vez en Europa fue objeto de verificación experimental en el siglo XVII, durante la Revolución Científica.

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Este es el elemento que conecta todos los demás elementos, aunque pueda parecer menos relevante, por invisible que sea. La distancia de la naturaleza de la Tierra nos eleva a lo alto, en planos poco prácticos y mentales que no satisfacen nuestras necesidades físicas. Sin embargo, es el elemento que se encuentra en todos los demás, mantiene el fuego como el Sol quema el hidrógeno. Podemos decir que el comienzo de la vida no sería posible sin el Fuego, pero no habría Fuego en nuestro planeta sin el Aire. El elemento Aire nos da espacio para respirar, ensancha nuestros pulmones, y con ellos, abre nuestra Alma a la libertad personal. Todos los signos que pertenecen a este elemento tienen una fuerte necesidad de sentirse liberados y libres.
Los signos que representan el elemento Aire en el zodiaco son Géminis, Libra y Acuario. Es interesante observar que dos de ellos tienen un problema con el Sol, Libra lo lleva a la caída y Acuario al detrimento. Esto es comprensible, ya que el Sol mantiene todas las cosas en orden y dando vueltas a su alrededor, y el Aire necesita ser libre para dar vueltas al Universo en su lugar. Mirando el panorama general, las personas nacidas bajo la fuerte influencia de estos signos tienen un problema para encajar en un orden regular de su entorno, no importa si es su país o su lugar de trabajo. Su principal objetivo en la vida suele ser dejar de complacer a los demás y de preocuparse por sus opiniones, para poder seguir sus ideas más brillantes y liberadoras.